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La fuente (plaza) de la herencia de las américas / the fountain (plaza) of the heritage of the americas - San Juan, Puerto RIco

Por Memoria Decolonial
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La fuente (plaza) de la herencia de las américas, San Juan, Puerto Rico

Descripción

La Fuente (Plaza) de la herencia de las Américas está compuesta por cinco grupos de estatuas localizadas en el Paseo de la Princesa en el Viejo San Juan. Las cinco estatuas fueron creadas por José Buscaglia Guillermety entre 1975 y 1976 y desconocemos cuando fueron erigidas. La estatua conocida como La herencia de la fe “representa la conquista espiritual de América. Dos monjes implantan la cruz en el nuevo mundo simbolizando así la cristianización de América.” En La herencia de la libertad, “la libertad, representada por la mujer heroica, es conducida y acompañada por el hombre símbolo de la voluntad del pueblo.” La herencia de sangre representa la “integración de las tres razas principales de América simbolizada por Ponce de León, la hermana del cacique Agüeybana y el negro Africano que posteriormente hace su aportación étnica-cultural al Nuevo Mundo.” En La herencia social “la sacerdotisa Ibérica, como madre simbólica del Nuevo Mundo y el conquistador español presentan al mundo a su hijo el criollo.” La sacerdotisa emula la Dama de Elche, escultura de Ibérica del siglo IV a.e.c. Por último, se encuentra La herencia de los valores culturales la cual “simboliza las manifestaciones mas elevadas del espíritu humano significadas en las cinco artes mayores, la arquitectura, la pintura, la escultura, la música, y la literatura.” La placa contiene un poema que recoge “la profética voz de la fuente,” que nunca se construyó, pero aun así figura en su nombre, la Fuente de la herencia de las Américas:

            CORRERE COMO RIOS AL CORAZON DEL MUNDO A NUTRIR TU HERENCIA

            CON MI FE MI SANGRE MI INTELECTO Y MI ANCESTRAL ORIGEN

            EN NOMBRE DE DIOS TODOPODEROSO TOME ESTAS TIERRAS

            PARA LUEGO DEDICARLAS AL DIVINO PRINCIPIO

            DE QUE TODOS LOS HOMBRES SON CREADOS IGUALES

AL COBIJO DE UN CANEY ARAHUACO, EUROPA Y AFRICA SU SANGRE DIERON

            Y DE HISPANA MATERNAL SU TRADICION HEREDAS

            A TI TE ENTREGO LO MAS NOBLE DEL VIEJO Y NUEVO MUNDO

            EL FUTURO ESPERA EN TI LA CLAVE A SU DESTINO

Contexto

Desconocemos cuando fue erigido el monumento, pero las estatuas fueron esculpidas entre 1975 y 1976. Su diseño fue ideado por varias figuras prominentes de la intelectualidad cultural puertorriqueña como el artista e historiador Dr. Osiris Delgado, Washington Llorens, y Aurelio Tio. Entre los benefactores se encuentra la Fundación Fonalledas y la Fundación Ferré, dos de las familias mas ricas y poderosas de Puerto Rico. La primera familia está claramente vinculada al Partido Republicano de Estados Unidos y al Partido Nuevo Progresista de Puerto Rico, mientras que la segunda son los descendientes del primer gobernador estadista de Puerto Rico, Luis A. Ferré (1969-1973).

Crítica

El monumento fue construido con el auspicio de diversos sectores ideológicos del país. Además de contar con el apoyo de estadolibristas y estadistas, el monumento fue esculpido e ideado por el escultor independentista (y posiblemente nacionalista) José Buscaglia Guillermety. El monumento reproduce el discurso de mestizaje harmonioso establecido por el Partido Popular Democrático (PPD) y el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) en los 1950s. Durante esta época, Luis Muñoz Marín, el primer Gobernador (1949-1965) electo de Puerto Rico, intentó definir la identidad puertorriqueña como la mezcla de Taínos, Españoles, y Africanos para así fortalecer el recién establecido Estado Libre Asociado (1952). La narrativa de mezcla harmoniosa creaba la ilusión de consenso y diferencia que necesitaba el PPD para legitimar la “soberanía” puertorriqueña en relación con Estados Unidos. Creaba una identidad de colaboración pacífica que sostenía los cimientos consensuales de la nueva relación política y a la misma vez distinguía a lxs puertorriqueñxs de los estadounidenses. 

Varias autoras han señalado como el discurso de mestizaje promovido por el ICP y su presidente, Don Ricardo Alegría (1921-2011), invisibiliza la negritud convirtiéndola en una reliquia del pasado, desvanecida y diluida en una identidad puertorriqueña predominantemente blanqueada (Dávila, 1997; Godreau, 2015; Godreau et al., 2008; Jiménez Román, 2019[2001]; Lloréns and Carrasquillo, 2008; Géliga Vargas et al., 2007). Además, el discurso de mestizaje oculta la violencia y el genocidio de la conquista y colonización a favor de una narrativa benévola de colaboración. Basta escuchar las palabras de Alegría para entender este proceso:

Mucha gente se burló, por primera vez veían al negro equiparado a las otras dos razas; llamó mucho la atención en esos años. En Puerto Rico se hablaba siempre de la herencia hispánica, se olvidaban los otros dos ingredientes. Pero yo tenía una formación antropológica y lo veía de otra manera. Nuestra nacionalidad es producto de un mestizaje de cinco siglos entre el indio, el español blanco y el negro. Cada uno contribuye. La huella del indio es menor, de índole biológica y cultural; el negro aporta la riqueza con su trabajo y el español una cultura más compleja y elaborada. Los tres se integran armoniosamente. Un puertorriqueño puede ser rubio y blanco, pero su cultura tiene también una raíz africana. (Hernández, 2002, p. 171)

En la década de 1950, celebrar y resaltar la negritud era sin lugar a duda un acto subversivo y como resalta Alegría, no fue recibido con mucho entusiasmo por la sociedad puertorriqueña. Sin embargo, hoy en día este discurso se queda corto y los monumentos al mestizaje en Puerto Rico (hemos identificado 9) fetichizan la negritud y lo convierten en un elemento complementario. La ilusión de armonía racial e igualdad oculta no solo las injusticias del pasado si no también minimiza el racismo sistémico del presente. Le resta importancia a la necesidad de generar diálogos posiblemente incómodos sobre estos temas y buscar reconciliación y justicia social tangible, en vez de descansar en lo puramente simbólico.

La herencia de la fe presenta la cristianización de Puerto Rico como un logro equiparado con las artes de La herencia de los valores culturales y la libertad de La herencia de la libertad que se encuentran en el mismo pedestal. En esta última vemos a un hombre “símbolo de la voluntad del pueblo” conduciendo a la mujer, símbolo de la libertad. La voluntad del pueblo y la dirección que debe seguir la libertad femenina es determinada por la masculinidad. Esta perspectiva patriarcal la podemos ver además en La herencia social y en el poema que aparece en la placa (reproducido arriba) ya que ambos claramente presentan a España como la tradición maternal. En La herencia de la sangre, el hombre es el conquistador y colonizador de Puerto Rico, Juan Ponce de León, pero la mujer es identificada solamente como la hermana del cacique Agüeybana. La mayoría de lxs puertorriqueñxs saben que el nombre de esta mujer es Guanina ya que su leyenda forma parte del folklor puertorriqueño que se enseña en escuelas primarias y secundarias. El hecho de que escogieron a Guanina es muy revelador ya que esta representa la fidelidad a España y el amor a lo hispano. Guanina no participó de la rebelión taína de 1511 y se negó a traicionar a su marido y captor Cristóbal de Sotomayor, convirtiéndose así en un árbol al rehusar abandonar el cuerpo muerto de su esposo. En la traducción al Inglés provista por Buscaglia en su página oficial, éste hace mención del guaitiao, una ceremonia entre caciques donde intercambiaban nombres para simbolizar la paz, colaboración, y la alianza. Por ende, La herencia de la sangre proyecta el mestizaje como una colaboración entre pueblos equivalentes que intercambian culturas consensualmente. Como se ve en la mayoría de los monumentos al mestizaje en Puerto Rico, el elemento Taíno es comúnmente representado como mujer para resaltar un vínculo maternal que evoca cariño y paz, cualidades comúnmente asociadas con los Taínos por los cronistas e historiadores.

En La herencia de la sangre la raíz africana es representada por un niño negro y anónimo. Esto sugiere que la negritud se dio posteriormente a la primera raíz, lo taíno, y a la segunda raíz, lo español. También sugiere que el elemento africano es menos desarrollado y maduro. En casi todos los monumentos al mestizaje en Puerto Rico se ve claramente la idea de que los españoles trajeron la civilización, y La fuente de la herencia de las Américas no es excepción ya que privilegia la hispanidad. La herencia social presenta el niño criollo al mundo, al niño nacido en América, como hijo de un conquistador y una sacerdotisa Ibérica. Incluso, en la página oficial de Buscaglia aparece esta estatua traducida por el autor como Hispanic Heritage en vez de The social heritage. Mientras que a un lado de la plaza vemos La herencia de la sangre y la narrativa de mestizaje dominada por la figura de Ponce de León, La herencia social (Hispanic heritage) abandona la mezcla harmoniosa y establece al criollo como blanco e hijo de España. Mientras que culturalmente lxs puertorriqueñxs son presentados como una mezcla, racialmente son hijos (e hijas) de España. La sacerdotisa guarda un parecido inconfundible con la Dama de Elche, una escultura Ibérica de siglo IV a.e.c. que representa la cultura fundacional de los españoles. La utilización de este símbolo pre-Románico y pre-Cristiano sugiere que la raíz de la identidad puertorriqueña se extiende más allá del legado hispano y que compartimos con los españoles la misma civilización originaria. Nuestro legado se extiende más allá de 1492 y la España de los Reyes Católicos hasta la antigüedad. Este legado eventualmente se extiende hasta la Ilustración ya que Buscaglia comenta que La herencia de la libertad representa la libertad democrática y el florecimiento “en suelo Americano de las ideas liberales de la Ilustración europea.”

De los 5 grupos escultóricos que se encuentran en este monumento, cuatro claramente privilegian la raíz española de nuestra identidad colectiva. El apoyo de diversos sectores políticos e ideológicos a esta concepción demuestra que la hispanofilia y el Eurocentrismo constituyen un denominador común entre las elites del país. No importa las diferencias que tengan sobre la relación de Puerto Rico con Estados Unidos, todos están de acuerdo. Los puertorriqueños son esencialmente y principalmente españoles con pocos elementos africanos y taínos diluidos en su identidad mezclada. El Gobernador estadolibrista Rafael Hernández Colón lo resumió perfectamente en un discurso que impartió en el 1992:

En realidad, la sociedad que hoy existe en las Antillas es, en gran medida, heredera directa del patrimonio español. Los nativos fueron prácticamente borrados del censo y los africanos, que luego siguieron, fueron asimilados de una manera casi total por la cultura dominante. De manera que, en modo alguno, a nosotros, los puertorriqueños, nos es dable reivindicar esa adscripción retórica a un remoto pasado amerindio, o a una africanidad, aun siendo un componente valioso de nuestro ser nacional. Cualquiera que sea el color de nuestra piel, el signo de nuestra cultura —lengua, religión, valores, percepciones, idiosincrasia— es esencialmente español. Nosotros debemos exhibir un gran interés en descifrar las claves culturales de aquellos moradores, pero el ademán razonable con que tenemos que aproximarnos a esa historia, debe ser parecido al de los españoles que excavan la costa mediterránea en busca del fabuloso reino de Tartessos. Tan incongruente resultaría para un español de nuestros días buscar sus raíces en los desconocidos pueblos ibéricos, o en las pinturas rupestres de Altamira, como para nosotros asomarnos con emoción patriótica a los petroglifos de Utuado. (Hernández Colón, 1992, pp. 2-3)

Hernández Colón declara que Puerto Rico es predominantemente español, y rechaza buscar nuestra identidad en el pasado indígena y africano ya que estos grupos o fueron “borrados” y “asimilados de una manera casi total.” Irónicamente La fuente de la herencia de las Américas representa la madre patria utilizando símbolos de la antigüedad europea, demostrando así como algunos siguen buscando sus “raíces en los desconocidos pueblos ibéricos.” Aunque coincido con su rechazo al retorno ancestral, la postura monolítica, hispanófila, y simplista del exgobernador, al igual que el monumento reseñado, reflejan la ideología dominante de su partido y de las elites puertorriqueñas. Intentan definir y encajonar algo que debe permanecer para siempre indefinible e incompleto.