La Rogativa [30.04.2026]
Libreto
Hoy en 1797 “nació” la puertorriqueñidad … o al menos esa es la narrativa que nos enseñan en la escuela y en documentales de historia.
Estoy en La Rogativa del Viejo San Juan, monumento del escultor neozelandés Lindsey Daen que conmemora la defensa de Puerto Rico ante la invasión “del inglés” de 1797.
Según la leyenda de Cayetano Coll y Toste, titulada “Las Once Mil Vírgenes” (yikes), tras conquistar Trinidad, el teniente general Ralph Abercrombie movilizó una flota de más de 60 barcos y 7,000 soldados hacia otra colonia española, Puerto Rico. La noche del 30 de abril, con sus tropas apostadas fuera de la ciudad, se narra que el obispo Trespalacios y las mujeres de la ciudad realizaron una procesión, o rogativa, a Santa Catalina y Santa Úrsula, con sus once mil vírgenes, para pedir auxilio ante la amenaza británica.
Esta estatua conmemora a las mujeres de la ciudad quienes acompañaron al clero con antorchas e hicieron creer a los británicos que llegaban refuerzos, provocando su retirada.
La narrativa es seductora: un pueblo unido frente a un invasor foráneo. Pero cabe preguntarse—¿Por qué situar ese origen en un instante preciso, en San Juan, y a razón de la guerra y violencia como hacen los países europeos? Esto es ajeno a nuestra caribeñidad, caracterizada por ruptura, opacidad y diversidad en nuestros orígenes históricos. Puerto Rico lleva consolidándose desde los primeros pueblos indígenas, y continúa en proceso, siempre abierta y en relación con el Mundo.
Estas lecturas hispanófilas de nuestra identidad utilizan la defensa de 1797 como un ejemplo de afirmación hispánica frente a la amenaza de lo anglosajón—una tensión que persiste hoy bajo Estados Unidos.
Qué tal si en vez de celebrar leyendas y narrativas eurocéntricas que fijan nuestra identidad en la defensa de los Hispano, recordamos el 30 de abril de 1797 por las milicias negras de Loíza y Cangrejos que lo dieron todo por defender sus tierras, muchas de estas obtenidas por medio del cimarronaje. Aunque el reconocimiento de esta participación no está del todo libre de colonialidad, ya que las milicias morenas juraban fidelidad a España a cambio de tierras y libertad, al menos complica historias que se narran desde el poder.
Cuestionemos las narrativas nacionales, particularmente aquellas impuestas por las clases en poder. Nuestra historia no surge de un solo evento, sino de múltiples historias, luchas y contradicciones. No fijemos nuestra identidad exclusivamente en rechazo de otro, porque sino, ahí sí que te llevó el inglés.
Recordemos siempre cuestionar las narrativas que nos imponen ya que muchas veces surgen por un deseo de inventar la nación a la luz de su propio reflejo.