Del Machete al Micrófono [SERIE: Parte 1]
Libreto
Así arrancó la residencia de Bad Bunny en Puerto Rico. No con nostalgia cualquiera, sino con memoria y fuego. Desde X100pre, Bad Bunny se ha preocupado en representar la cotidianidad puertorriqueña. En DtMF, Benito mira al pasado y reinterpreta el símbolo nacional: el jíbaro. Pero mucho antes de Benito… el jíbaro ya ardía. El jíbaro no es solo un símbolo: fue un campesino pobre, un obrero organizado y encabronau. Si no le pagaban lo justo, quemaba el cañaveral. En el siglo XIX, las costumbres jíbaras se asumieron como representación de lo criollo, de lo puertorriqueño. Manuel Alonso escribió El Gíbaro en 1849 con la ambición de definir esas costumbres campesinas como algo propio y distintivamente puertorriqueño. En un archipiélago colonizado por españoles, ¿qué nos diferencia de ellos?
Para Alonso, ese “buen puertorriqueño” era hombre blanco, educado y patriota- una visión que también excluía otras realidades del país. Con la invasión estadounidense, la economía se transforma, la vida de hacienda se moderniza y las élites retoman con nostalgia las costumbres jíbaras que describió Alonso. Las representaciones nostálgicas romantizaron al jíbaro ligado a la Hacienda, pero en la realidad, la clase campesina se organizaba y educaba políticamente. El jíbaro ya no era solo vida agraria: también era la tea, la antorcha con la que exigían justicia a los hacendados. En 1952, con el Estado Libre Asociado, se institucionalizó el imaginario romántico del jíbaro blanco. La pava, la plena y el campo moldearon la identidad puertorriqueña, pero silenciaron la marginalización, la resistencia y las luchas políticas. La promesa de progreso del nuevo régimen abandonó los campos. Con Operación Manos a la Obra se impulsó la industrialización, relegando la agricultura y el ecosistema que sostuvo las costumbres jíbaras por siglos. Con el tiempo, el imaginario del jíbaro se convirtió en el símbolo nacional más popular. Todes conmemoramos ser boricuas al vestirnos como jíbaros en la escuela o en los eventos deportivos. En la diáspora, se volvió bandera.
Hoy el orgullo boricua también nace del coraje. En un presente de crisis, desplazamiento y políticas de austeridad, el jíbaro ya no lleva solo la pava: también perrea. Benito no rescata el pasado, pero lo remezcla. Y en ese cruce entre jíbaro y reggaetón, se abren preguntas: ¿Qué imagen del jíbaro queremos seguir reproduciendo? ¿Y cómo podemos reimaginarlo hoy?
En esta serie, Memoria Decolonial y Hasta ‘Bajo Project te traemos preguntas, ritmos e historia.
El caco y la yal también son pueblo. El reggaetón es memoria y es cultura.
Pendiente, que esto apenas comienza.